miércoles, 11 de marzo de 2009

07

Era como si un dragón, herido de muerte derramase lágrimas.
Pero esas lágrimas (como suponía que serían las del dragón)
eran temibles, no significaban debilidad ni necesidad de ternura:
parecían amargas gotas de rencor líquido, hirvientes y devoradoras.


Sobre héroes y tumbas
-Ernesto Sábato.

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