Era como si un dragón, herido de muerte derramase lágrimas.
Pero esas lágrimas (como suponía que serían las del dragón)
eran temibles, no significaban debilidad ni necesidad de ternura:
parecían amargas gotas de rencor líquido, hirvientes y devoradoras.
Sobre héroes y tumbas
-Ernesto Sábato.
miércoles, 11 de marzo de 2009
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