miércoles, 25 de marzo de 2009
martes, 24 de marzo de 2009
10
[...]
Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Éste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si , además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya "la farsa que todos tenemos que representar". Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.
Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir -en verdad, hay un transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos- que precede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestida de variadas formas que van de la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzsébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes. El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.
[...]
Alejandra Pizarnik (La Condesa sangrienta).
Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Éste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si , además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya "la farsa que todos tenemos que representar". Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.
Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir -en verdad, hay un transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos- que precede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestida de variadas formas que van de la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzsébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes. El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.
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Alejandra Pizarnik (La Condesa sangrienta).
sábado, 21 de marzo de 2009
09
Sleep my darling sleep
When you are tired with trust
when the sleep of fair people will get you
as soon as you close your eyes
I'll under the cover of the night, run away
as far as I can because I can't go like this anymore
I'll run away before I swallow you because of love
the more I want you, the less I have myself
please forgive me, sleep my darling sleep
I'll run away from the precipice of these arms
I can't free myself from the lakes of your eyes
I'll drown if i jump, I'll run away
because I can't go like this anymore
I'll run away from here, as far as I can
I'll run away from the trap of your orchid's lips.
When you are tired with trust
when the sleep of fair people will get you
as soon as you close your eyes
I'll under the cover of the night, run away
as far as I can because I can't go like this anymore
I'll run away before I swallow you because of love
the more I want you, the less I have myself
please forgive me, sleep my darling sleep
I'll run away from the precipice of these arms
I can't free myself from the lakes of your eyes
I'll drown if i jump, I'll run away
because I can't go like this anymore
I'll run away from here, as far as I can
I'll run away from the trap of your orchid's lips.
lunes, 16 de marzo de 2009
08
Yo sigo zambulléndome en Youtube para matar las horas muertas en esta fría ciudad (en tantos sentidos!!).
Quiero compartir con Ud. a dos artistas de mi tierra. Uno de ellos en particular es de mi provincia y que si bien toca folklore (más particularmente, chamamé), su música es mucho más experimental:
Chango Spasiuk: "Mi Pueblo, Mi Casa, La Soledad"
El otro artista es más internacional (o mejor dicho, más "hollywoodense"... con un par de Oscars incluído). Pero este tema en particular me gusta porque tiene cierta influencia de la música típica del Noroeste argentino, que es una región que amo.
Gustavo Santaolalla: "De Usuahia a La Quiaca"
Y de yapa, para que no se me acuse de nacionalista, acabo de encontrar esto y me pareció delicioso:
KIRKISRAK TURKUSU-1.CANDIR DAGI AHMET GUVEN ciyaye candire
Curiosamente los tres temas tienen un cierto aire melancólico... ¿o seré yo?
Quiero compartir con Ud. a dos artistas de mi tierra. Uno de ellos en particular es de mi provincia y que si bien toca folklore (más particularmente, chamamé), su música es mucho más experimental:
Chango Spasiuk: "Mi Pueblo, Mi Casa, La Soledad"
El otro artista es más internacional (o mejor dicho, más "hollywoodense"... con un par de Oscars incluído). Pero este tema en particular me gusta porque tiene cierta influencia de la música típica del Noroeste argentino, que es una región que amo.
Gustavo Santaolalla: "De Usuahia a La Quiaca"
Y de yapa, para que no se me acuse de nacionalista, acabo de encontrar esto y me pareció delicioso:
KIRKISRAK TURKUSU-1.CANDIR DAGI AHMET GUVEN ciyaye candire
Curiosamente los tres temas tienen un cierto aire melancólico... ¿o seré yo?
miércoles, 11 de marzo de 2009
07
Era como si un dragón, herido de muerte derramase lágrimas.
Pero esas lágrimas (como suponía que serían las del dragón)
eran temibles, no significaban debilidad ni necesidad de ternura:
parecían amargas gotas de rencor líquido, hirvientes y devoradoras.
Sobre héroes y tumbas
-Ernesto Sábato.
Pero esas lágrimas (como suponía que serían las del dragón)
eran temibles, no significaban debilidad ni necesidad de ternura:
parecían amargas gotas de rencor líquido, hirvientes y devoradoras.
Sobre héroes y tumbas
-Ernesto Sábato.
06
NO SECOND TROY
Why should I blame her that she filled my daysWith misery, or that she would of late
Have taught to ignorant men most violent ways,
Had they but courage equal to desire?
What could have made her peaceful with a mind
That nobleness made simple as a fire,
With beauty like a tightened bow, a kind
That is not natural in an age like this,
Being high and solitary and most stern?
Why, what could she have done, being what she is?
Was there another Troy for her to burn?
W. B. Yeats (1865-1939)
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